Un bar, nada distinto a lo que siempre hago, amanecí con ganas de visitarlo.Llegada la noche nada podía detenerme de visitarlo.
Como de costumbre la barra, un whisky, cigarros y el pensamiento solitario.
Algo se sentía raro en el ambiente, o llevaba ya muchos vasos de whisky. Algo que estaba por averiguar.
De pronto un saludo seco, de una voz distinta, muy distinta a la que podría acercarse a saludarte en una solitaria barra de un bar.
Titulo, nombre, negocios…. La plática empezó.
Algo mas señor? – me pregunta el mesero-
- lo mismo que mi acompañante, por favor-
- Martini seco, doble-
Vaya, que bebida tan exótica, el interés incremento.
Y por que Martini?
- Mezcla de sabores, amargo/semi dulce, como el beso inesperado del ligue de una noche.
Sonrisas secretas? No logro entender lo que sucede, por más que lo intento, o no; siendo totalmente sincero después de esa sonrisa y los hermosos dientes que están detrás de ella no me importa nada. Aunque sin duda alguna me sentía muy extraño.
Comenzamos a platicar ahora, no de negocios.
Que te gusta hacer en tus ratos libres, además de obviamente visitar a solas un bar?
Por que nos parecemos tanto?
Mi mente retumba con preguntas que no tienen respuesta.
- voy al baño- dijo rozando sus labios en mi oído.
Que sucede? Por que no puedo resistirme?
Al voltear y ver esa silueta de espaldas, mi excitación llego al borde, el deseo casi salía por mis ojos y atacaba a quien frente a mi estuviera.
Que me esta pasando?
- se encuentra todo bien? Puedo servirles algo mas? -
Mi turno!
- whisky en las rocas, triple, para ambos-
De nuevo! Tu sonrisa me enloquece cada vez más, pero no puedo decirte que te detengas.
Tragos, risas y roses.
-Vámonos-
Que? Escuche bien?
Mis manos empiezan a temblar, siento que no puedo resistirme, el alcohol fluye en mi sangre con el ardor de la excitación que tu pecho me produce.
Mi cabeza retumba. No! No puedo! No debo! Soy fuerte! Ah, que hago? No!
- Esta bien!- conteste.
Diablos! Lo solucionare en algún momento pararemos en lugares diferentes y nada habrá sucedido, mi conciencia estará tranquila, no seré culpable de nada.
- No puedo dejar de decir esto, quieres irte conmigo? - me pregunto.
Que?!!! No puedo creer que me lo propusiera!
No puedo! No debo! Que hago?!
- Me encantaría -
No puedo creer lo que esos labios, y las ganas de besarlos me están obligando a hacer.
- No quiero que esto sea en tu apartamento, o el mío… mejor vamos a un hotel -
No lo puedo creer tu insinuación es mas que directa, y no me puedo resistir
Un hotel basto para que la noche llegara a la culminación más inesperada de mi vida.
Ciento que exploto, mi corazón late más fuerte de lo que lo ha hecho en todos estos años.
No lo puedo creer!
Ahí le encontré sentido a la frase:
Le petite Morte - la pequeña muerte, la manera de los franceses de llamar al orgasmo.
Desde ese día, una parte de mi murió, pero nació otra mucho mejor que la anterior y desde esa noche, cada sábado por la noche, los dos extraños se encuentran en el mismo bar para morir un poco en el cuarto de algún hotel.
